Hay niños que nacen con una barra de pan bajo el brazo.
Vera lo hizo con un libro en
una mano y una libreta en la otra.
Empezó a escribir relatos cortos de animales en cuanto aprendió a sujetar un lápiz. Con los años pasó por el terror, la aventura, la fantasía y el new adult, hasta encontrar el lugar donde se siente como en casa: los romances en pequeños pueblos de montaña donde todo el mundo se entromete en los asuntos de los demás, especialmente en los de los protagonistas.
Antes de dedicarse a escribir, estudió biología y se especializó en microbiología. Soñaba con unirse al CDC y manipular virus mortales, como la protagonista de Epidemia de Robin Cook. La realidad la llevó por caminos menos peligrosos —oncología, ensayos clínicos, industria farmacéutica—, aunque la libreta siempre encontró la forma de volver a sus manos.
Vive en la montaña con su marido y sus dos bebés felinos, Leah y Gara. Los mismos paisajes que aparecen en sus libros se ven desde las ventanas de su casa. Cuando no está escribiendo, la encontrarás leyendo, reformando algún rincón del hogar, o buscando la manera más eficiente de realizar cualquier tarea.